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Siguiendo el concepto acuñado por la Comisión Europea, las finanzas sostenibles se refieren a “la financiación para realizar inversiones teniendo en cuenta cuestiones medioambientales, sociales y de gobierno”.

Se habla también de financiación verde y social, lo que alude a aquellos productos o servicios financieros orientados a facilitar la financiación de proyectos empresariales dedicados a combatir el cambio climático con una mejor gestión de los recursos naturales y a fomentar modelos económicos acordes con los derechos humanos y la justicia, en definitiva con un desarrollo sostenible.

Entre los objetivos principales de este tipo de financiación figuran los siguientes:

  • la disminución de las presiones medioambientales,
  • la reducción de los gases de efecto invernadero y contaminantes
  • y la optimización de la gestión de residuos y en general la mejora de la eficiencia en el uso de recursos naturales

A su vez, puede considerarse parte de las finanzas sostenibles la sensibilización y transparencia en términos de:

  • riesgos de sostenibilidad en el propio sistema financiero
  • y uso de la red de supervisores y de bancos centrales para la gestión de políticas de buen gobierno

La financiación sostenible tiene como base la consideración de aspectos medioambientales y sociales en las decisiones empresariales a largo plazo. Los aspectos  medioambientales guardan relación con la adaptación y mitigación al cambio climático y la protección del medio ambiente. Las cuestiones sociales están relacionadas con la desigualdad y la inversión en capital humano. Respecto de estos dos ámbitos, la gobernanza desempeña un papel decisivo para que sean tenidos en cuenta de modo efectivo en los procesos de toma de decisión y en la línea estratégica de la empresa.

Desde finales de 2015 se observa un claro cambio cultural que demanda la integración de las finanzas sostenibles en los sistemas financieros y en los modelos de crecimiento económico actuales.