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El desarrollo sostenible es “aquel que satisface las necesidades de las generaciones actuales sin comprometer las capacidades de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades” (informe titulado «Nuestro futuro común» de 1987, Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo).

Implantar el desarrollo sostenible dentro de los sistemas de financiación permite direccionar los capitales y el crecimiento económico hacia un tipo de desarrollo de carácter sostenible y que atienda a criterios ambientales y sociales, además de económicos.

El modelo de actuación empresarial acorde con el desarrollo sostenible se conoce como de Triple Balance (Triple Bottom Line), lo que hace referencia a las tres dimensiones de actuación de una empresa de carácter sostenible, ambiental, social y económico, integradas de manera unificada en un solo proyecto o modelo de negocio.

Los parámetros para identificar una empresa como sostenible están basados en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Como guía,  el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible ha recomendado cinco pasos a seguir para alcanzar dichos objetivos:

  • Entender los ODS, entendiendo las oportunidades y responsabilidades que suponen para la empresa.
  • Priorizar los objetivos, según el impacto en su área de actividad.
  • Establecer objetivos empresariales sostenibles, integrados a la estrategia de negocio.
  • Integrar el desarrollo sostenible en todas las funciones de la empresa.
  • Informar y comunicar a los grupos de interés sobre dicha línea de actuación.

En línea con ello, el desempeño en materia de sostenibilidad debe quedar registrado en los informes de sostenibilidad o responsabilidad social corporativa según se estipula en la Ley 11/2018, de 28 de diciembre, sobre información no financiera y diversidad, que son obligatorios para empresas que superen los 500 empleados y cuya cifra de negocio anual sobrepase los 40 millones de euros.